La vaginoplastia y la revirgination


En los tiempos que corren donde todo es rápido, donde un bisturí o una aguja solucionan en un momento una arruga, solo era cuestión  que ese proceso llegara a la vagina.

Por motivo estrictamente estéticos se están ya realizando alrededor del 40% de la operaciones de labios vaginales, intentando reducir el tamaño o la forma de los mismos.

Por otro lado la otra operación vaginal de moda es la himenoplastia o reconstrución del himen de nuevo por motivos estéticos, conocida como revirgination, con el objetivo de  recuperar algo imposible de hacerlo, la virginidad. Esta operación si es demandada por motivos sociales o culturales en algunos países (que tiene ovarios la cosa).

Los riesgos superan con creces los posibles beneficios, al final no deja de ser una intervención quirúrgica.

Aunque el paso del tiempo lucha en contra de la plasticidad de nuestro cuerpo y también de nuestra vagina, como el resto de nuestro cuerpo ese “deterioro” tiene que ver mucho con nuestros hábitos de vida. El sobrepeso, el tabaquismo, o el alcohol, influyen negativamente en ello. Los múltiples partos son igualmente un condicionante.

El suelo pélvico, responsable en parte de la incontinencia urinaria de esfuerzo, y de la mejora de nuestras relaciones sexuales, difícilmente va  a ser recuperable vía quirúrgica; será solo por el camino del cuidado de nuestro cuerpo y del entrenamiento, por el que podamos mejorar lo mejorable, que no será seguro ni cuando teníamos veinte años, ni antes de dar a luz.

Por ejemplo el colágeno  al igual que el de la piel que la mantiene tersa, se deteriora y pierde elasticidad, con el tiempo.

Ya sea mediante la realización de rutinas de Kegel clásica, poniéndote en manos de una fisio especializada en suelo pélvico, o con algunos de los dispositivos actuales como Elvie, o con las clásicas bolas o conos. Y unos hábitos de vida saludables. La mejor forma de mitigar los efectos del paso del tiempo en nuestra vagina.